- Cuando tú tengas miedo, yo estaré ahí.
- No para apartarte, refugiarte y pelear para que te sientas a salvo.
No para esconderte y vigilarte hasta que pase el temporal.
No para ensuciarme las manos por ti, y que tú puedas mantenerte limpio.
- Estaré a tu lado, frente a tus enemigos, luchando hombro con hombro.
Estaré mirando cómo te enfrentas a tus miedos, con mis manos tendidas por si te caes.
Estaré animándote a seguir, a arriesgarte, a ensuciarte, a machacarte por aquello que deseas.
- Pero entonces...nunca aprenderé a estar solo.
- ¿Quién ha dicho que alguna vez tengas que estar solo?
lunes, 28 de noviembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
178 segundos
Ciento setenta y ocho segundos.
Desde que decides acabar conmigo, hasta que me gritas que tú también has muerto.
Ciento setenta y ocho segundos.
De dolor, de sudor, de sabores y olores profundos, marcados a fuego ahora en mi memoria.
Ciento setenta y ocho segundos.
De miedo, de alegría, segundos que pasan más rápido que despacio, con más fuerza que ningunos otros ciento setenta y ocho segundos en nuestras vidas. Rítmicos, acompasados, potentes.
Ciento setenta y ocho segundos. Que van marcando, uno a uno, el destino inmediato de nuestros cuerpos. Que van borrando, paso a paso, las ideas conscientes de nuestras mentes, dejando sólo los instintos más profundos.
Ciento setenta y ocho segundos.
Que cuando acaban...¡bum! Se marchan dejando un rastro de sangre espesa y caliente que ahora se enfría mientras nos miramos sin ver nada más.
Desde que decides acabar conmigo, hasta que me gritas que tú también has muerto.
Ciento setenta y ocho segundos.
De dolor, de sudor, de sabores y olores profundos, marcados a fuego ahora en mi memoria.
Ciento setenta y ocho segundos.
De miedo, de alegría, segundos que pasan más rápido que despacio, con más fuerza que ningunos otros ciento setenta y ocho segundos en nuestras vidas. Rítmicos, acompasados, potentes.
Ciento setenta y ocho segundos. Que van marcando, uno a uno, el destino inmediato de nuestros cuerpos. Que van borrando, paso a paso, las ideas conscientes de nuestras mentes, dejando sólo los instintos más profundos.
Ciento setenta y ocho segundos.
Que cuando acaban...¡bum! Se marchan dejando un rastro de sangre espesa y caliente que ahora se enfría mientras nos miramos sin ver nada más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)