viernes, 17 de septiembre de 2010

Decisiones que lo cambian todo.

El ser y saberse auténtico, original, coherente...no depende de aquello que hagas, de esas cosas por las que luchas, ni siquiera de los valores que te muevan.

Uno es auténtico (y con auténtico me refiero a aquél que se mueve por sí mismo pero pensando en los demás, aquél que puede ser lo que quiera en su vida, porque lo hará y lo será teniendo claro que es lo que quiere) cuando su actitud es auténtica, y sobre todo, cuando su actitud es libre.

Libre no significa hacer lo que te da la gana. Significa que únicamente te esclavice y te ate aquello que amas, que lo demás sean meros accesorios, herramientas, circunstancias de las que puedas prescindir.

Pregúntate qué es lo que amas, y siéntete libre en cuanto hagas por conservarlo o por disfrutarlo. Pero cuidado, dale la vuelta a esto, observa a tu alrededor, y mira todo aquello que haces y por lo que te sientes atado y esclavizado...¿lo amas? Si tu respuesta es negativa, o dudosa...debes dejarlo, debes liberarte de esas cadenas que te amarran a un poste del que ni siquiera te sientes orgulloso.

Hace poco un amigo (un hermano) y yo, tomamos la decisión de liberarnos de una de esas cadenas que nos tenían atados a algo que creíamos que amábamos. Fácilmente se nos abrieron los ojos cuando esas cadenas se pusieron en conflicto con otras que realmente amábamos, y la decisión fue irremediable.

Son esas decisiones las que nos hacen auténticos. Y ya no sólo porque una gran mayoría de los jóvenes de hoy ni siquiera se planteen esta manera de decidir; sino porque es la única manera de controlar nuestra vida, de dirigirla por los caminos de lo que amamos y de aquello por lo que soñamos...aunque todavía no lo tengamos muy claro.

"Pregúntate qué es lo que amas en esta vida, deja todo lo demás, y echa a andar en esa dirección, con tu corazón y tus fuerzas como único equipaje."



domingo, 12 de septiembre de 2010

Incluso en estos tiempos...

Sé que es aburrido y poco original contar cosas simplemente dejando canciones, pues poco dicen más de lo que ya nos dijeron aquella primera vez que la escuchamos, pero hay ciertas canciones que vuelven como fantasmas con asuntos pendientes, y nos hacen recordar que incluso en estos tiempos (en tus mejores, en tus peores, en los mediocres...sean los que sean para ti) todos los días tienen ese rato en el que respirar es un ingrato deber para contigo.

No es cosa mía, aquí os lo dejo:



Joaquin Sabina – Incluso En Estos Tiempos

Incluso en estos tiempos
veloces como un Cadillac sin frenos,
todos los días tienen un minuto
en que cierro los ojos y disfruto
echándote de menos.

Incluso en estos tiempos
en los que soy feliz de otra manera,
todos los días tienen ese instante
en que me jugaría la primavera
por tenerte delante.

Incluso en estos tiempos
de volver a reír con los amigos,
todos los días tienen ese rato
en el que respirar es un ingrato
deber para conmigo.

Y se iría el dolor mucho más lejos
si no estuvieras dentro de mi alma,
si no te parecieras al fantasma
que vive en los espejos.

Incluso en estos tiempos
triviales como un baile de disfraces,
todos los días tienen unas horas
para gritar al filo de la aurora
la falta que me haces.

Incluso en estos tiempos
de aprender a vivir sin esperarte,
todos los días tengo recaídas
y aunque quiera olvidar no se me olvida
que no puedo olvidarte.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Los buitres. Parte 2.


"El día cada vez estaba más cerca. El águila ya se había alejado a otros territorios, a lejanos lugares donde las presas vivas abundaban. Había abandonado su hogar, dejándolo plagado de víctimas moribundas o ya en estado de putrefacción, perfectas para que los buitres comenzaran su tarea de limpieza.

Los buitres ya habían localizado varias presas, y planeaban en círculos a su alrededor como en un baile aéreo que parecía infinito. Era imposible averiguar dónde comenzaba o acababa aquella maraña de trayectorias circulares con un único objetivo: llamar la atención de más buitres.

Cada vez eran más. Tras varios días, el cielo se había ocultado detrás de la nube de alas, picos y chillidos, y la bajada a las presas parecía inminente. En cualquier momento, el cielo volvería a ser azul, y el terreno se cubriría de buitres amontonados, picándose y chillándose por un trozo de cabra llena de gusanos.

Pero todavía no era el momento. Nadie sabía cuando llegaría. Y ahí residía la verdadera magia del momento infinito, de la espera ansiosa, del no saber cuándo, cómo o dónde los buitres empezarían a descender hacia su comida."