lunes, 18 de noviembre de 2013

La receta.

¿Qué me has dado?
Creo que nunca lo había probado, pero en el fondo sabía que existía, que estaba por ahí.
Tampoco creo que nunca sea capaz de averigüar la receta, o el ingrediente secreto, aunque creo que son varios.
Ni creo que me canse nunca de probrarlo, de saborearlo, tenerlo en la boca un rato y tragarlo lentamente.

¡Joder! ¿Cómo has conseguido que sepa así? ¿Cómo lo has hecho?...Bueno, espera, no me lo digas, quiero averigüarlo, aunque me lleve toda la vida.

jueves, 8 de agosto de 2013


Es terrible la tarea de conocerse.
Es pesada, lenta y difícil. Y normalmente poco reconfortante.
Es una odisea vital que no acaba, que no tiene fin.
Un viaje cuyas paradas a veces se antojan extrañas.
Extrañamente conocidas.

No obstante, caben compañías.
Interpeladoras compañías que te ponen sobre los pies, que te muestran la parte más maravillosa del camino: compartirlo con otros. Que te empujan, te llevan la mochila, te la abren y te dicen: "mira lo que tenías aquí, qué bonito."

Pero cuando más se hacen imprescindibles es cuando de esa mochila te sacan piedras y te ayudan a llevarlas. Reparten y comparten tu peso, tus cargas, tus lastres. Los hacen suyos, los quieren, los odian, los aceptan y los rechazan. Te empujan y hacen rodar esas piedras camino abajo, corriendo tras ellas con una risa de fondo. Cosas que solo no podrías hacer.

¡Qué sería de nosotros si tuviéramos que cargar sin ayuda todas esas pesadas piedras!

martes, 2 de julio de 2013

Despedida.

Otra ciudad más que se despide.

No hay lágrimas, apenas hay abrazos ni promesas.
Sólo saludos cordiales, hastaprontos y buenveranos.

Sin embargo no es cualquiera.
Entre las paredes de lo nuestro han crecido flores, árboles y otros seres.
La ciudad, presente siempre, no ha dejado de sonreirnos a través de las ventanas.
Pero ahora se despide con lágrimas calurosas.

El camino cambia. El destino varía. No permanecen modo ni lugar.
Pero mi hogar, mi hogar sigue siendo el mismo.
Mi hogar eres tú.


sábado, 11 de mayo de 2013

Sospecho que estarás muy cerca cuando,
pese a la llanura que separa,
me dé cuenta de las mellas que has dejado,
me dé cuenta de cómo ya me has cambiado,
y de cómo no dejaste que embarrara.

Traerás arrugas en los filos de mi cara,
traerás dolores, traerás retos y raciones
de cuentos con final de tierra y pala;
traeras canciones de las que siempre escuchaba.

Será entonces cuando siga dando cuenta
de los versos que antes siempre me callaba;
será cuando el pájaro azul entone
los silbidos que anuncian la madrugada.

domingo, 27 de enero de 2013

Cuatro caminos.


Cuando caminas solo por la vida. Sólo vives una vida. Tu vida, tu interpretación de esa vida, tus impresiones ideas y pensamientos. Pero sólo desde una perspectiva. La tuya.

Sin embargo, cuando caminas junto con alguien por la vida, no sólo vives tu perspectiva de tu vida. Vives mucho más. Vives la perspectiva del otro sobre TU vida, la perspectiva tuya sobre SU vida, y la perspectiva del otro sobre SU propia vida. Todo esto, además de tu propia perspectiva de TU vida.

Es como vivir cuatro veces más cosas de las que vives tú solo. ¿Hace falta alguna razón más para caminar junto a otro?