sábado, 21 de febrero de 2015

Mi despertar. 22/02/2015


"Y al amanecer del cuarto día, la boca le seguía sabiendo al primer beso."


Mi despertar eres tú.
Abrir los ojos y mantenerlos en tu boca durante segundos.
Volver a cerrarlos y respirar profundo para asimilar que es verdad.

Sentir cómo tu mano busca la mía en medio de la noche.
Compartir la sensación de conocernos y fundirnos sin hablar, con los cuerpos.
Abandonarme al placer infinito de las caricias que me regalas cada mañana.

Luchar juntos contra los demonios y el áspero sabor de las amarguras.
Mantener unidas nuestras manos, sin dejar de caminar. Sin dejarnos desfallecer.
Quererte como nunca, con la seguridad, la tranquilidad y la alegría de ser sincero con mi corazón.

Y soñar.
Soñar cada día con el día en que me levante a abrir la ventana de nuestra habitación, desnudo y descansado. Para dejar que entre el aire fresco de la mañana y mirar cómo te acurrucas en nuestra cama, para volver corriendo a meterme entre las sábanas y abrazarte hasta saciarme.

Lucharé cada día para que sigas siendo mi despertar.




 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Otoño.


Llega el otoño. Está cerca. Las primeras nubes y tormentas ya están mojando los campos, que reverdecen durante un breve periodo de tiempo, como queriendo darnos un último soplo de alegría antes de refugiarse en el marrón. Como si quisieran regalarnos el último rayo de verde hasta el año que viene. Tienen los amaneceres un olor especial. En el valle se mezcla la tierra mojada con el roble, y aparecen ráfagas de olor a lumbre sin llamas.

Algunos árboles, previendo que el invierno será duro, que faltará la energía del sol y les maltratarán las heladas, se desprenden de la carga de sus hojas. Esas hojas que en tiempos más calurosos les llenaron de vida, de energía, de belleza. Esas hojas que parecían imprescindibles para la vida del árbol, que parecían su esencia, su más preciado adorno.

Pero no lo eran. El árbol irá olvidando sus hojas, para que se sequen y se caigan, hasta que quede totalmente desnudo. Y seguirá vivo. Seguirá viviendo como siempre. Un poco más feo, más débil, más callado. Pero vivo.

Porque sus raíces lo mantendrán. Todo lo que necesita para mantenerse, para estar sano y resistir al invierno, se lo dan sus raíces. Nunca le han fallado. Aunque la plenitud y la belleza de sus hojas hayan atraído toda la atención, hayan asombrado a todo el que se acercaba al árbol, son las raíces las que mantienen su vida. Esas raíces ocultas, bajo tierra, que no se ven a simple vista. Esas raíces que hace falta escarbar un poco en la tierra para verlas y comprobar su fortaleza.

Las hojas irán y vendrán. Se caerán y volverán otras nuevas. Algunos años, los más oscuros y fríos, tardarán mucho en aparecer, y serán pequeñas y feas. Pero eso no importa. De hecho, cuanto más raíces tenga el árbol, menos hojas le harán falta para crecer y desarrollarse.

Son las raíces las que sostienen al árbol. Unas raíces fuertes y profundas son lo que permiten que el árbol crezca, que se convierta en algo grande y robusto. Que produzca semillas y frutos de calidad para compartirlos con otros. Porque las hojas son muy bonitas para verlas, para admirarlas un rato y marcharse a otro árbol más bello. Pero son los frutos y semillas los que dan valor al árbol. Esos frutos y semillas alimentados directamente por el agua que absorben las raíces.



¿Qué sucederá cuando las balas no reboten, y los malos sean más fuertes, y volar no sea tan fácil, y conozcan nuestros planes? Hazme una señal, yo buscaré un disfraz de carnaval.

lunes, 18 de noviembre de 2013

La receta.

¿Qué me has dado?
Creo que nunca lo había probado, pero en el fondo sabía que existía, que estaba por ahí.
Tampoco creo que nunca sea capaz de averigüar la receta, o el ingrediente secreto, aunque creo que son varios.
Ni creo que me canse nunca de probrarlo, de saborearlo, tenerlo en la boca un rato y tragarlo lentamente.

¡Joder! ¿Cómo has conseguido que sepa así? ¿Cómo lo has hecho?...Bueno, espera, no me lo digas, quiero averigüarlo, aunque me lleve toda la vida.

jueves, 8 de agosto de 2013


Es terrible la tarea de conocerse.
Es pesada, lenta y difícil. Y normalmente poco reconfortante.
Es una odisea vital que no acaba, que no tiene fin.
Un viaje cuyas paradas a veces se antojan extrañas.
Extrañamente conocidas.

No obstante, caben compañías.
Interpeladoras compañías que te ponen sobre los pies, que te muestran la parte más maravillosa del camino: compartirlo con otros. Que te empujan, te llevan la mochila, te la abren y te dicen: "mira lo que tenías aquí, qué bonito."

Pero cuando más se hacen imprescindibles es cuando de esa mochila te sacan piedras y te ayudan a llevarlas. Reparten y comparten tu peso, tus cargas, tus lastres. Los hacen suyos, los quieren, los odian, los aceptan y los rechazan. Te empujan y hacen rodar esas piedras camino abajo, corriendo tras ellas con una risa de fondo. Cosas que solo no podrías hacer.

¡Qué sería de nosotros si tuviéramos que cargar sin ayuda todas esas pesadas piedras!

martes, 2 de julio de 2013

Despedida.

Otra ciudad más que se despide.

No hay lágrimas, apenas hay abrazos ni promesas.
Sólo saludos cordiales, hastaprontos y buenveranos.

Sin embargo no es cualquiera.
Entre las paredes de lo nuestro han crecido flores, árboles y otros seres.
La ciudad, presente siempre, no ha dejado de sonreirnos a través de las ventanas.
Pero ahora se despide con lágrimas calurosas.

El camino cambia. El destino varía. No permanecen modo ni lugar.
Pero mi hogar, mi hogar sigue siendo el mismo.
Mi hogar eres tú.


sábado, 11 de mayo de 2013

Sospecho que estarás muy cerca cuando,
pese a la llanura que separa,
me dé cuenta de las mellas que has dejado,
me dé cuenta de cómo ya me has cambiado,
y de cómo no dejaste que embarrara.

Traerás arrugas en los filos de mi cara,
traerás dolores, traerás retos y raciones
de cuentos con final de tierra y pala;
traeras canciones de las que siempre escuchaba.

Será entonces cuando siga dando cuenta
de los versos que antes siempre me callaba;
será cuando el pájaro azul entone
los silbidos que anuncian la madrugada.

domingo, 27 de enero de 2013

Cuatro caminos.


Cuando caminas solo por la vida. Sólo vives una vida. Tu vida, tu interpretación de esa vida, tus impresiones ideas y pensamientos. Pero sólo desde una perspectiva. La tuya.

Sin embargo, cuando caminas junto con alguien por la vida, no sólo vives tu perspectiva de tu vida. Vives mucho más. Vives la perspectiva del otro sobre TU vida, la perspectiva tuya sobre SU vida, y la perspectiva del otro sobre SU propia vida. Todo esto, además de tu propia perspectiva de TU vida.

Es como vivir cuatro veces más cosas de las que vives tú solo. ¿Hace falta alguna razón más para caminar junto a otro?