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Se acerca el final del año. El final del mes de diciembre. El final del día 31.
Un día más al fin y al cabo, como podría ser el 18 de Junio o el 34 de Septubre.
Es el final porque alguien dijo que en algún sitio tenía que acabar el año, y empezar el siguiente, como si realmente hubiera alguna diferencia entre el minuto anterior y el posterior a las doce campanadas acompañadas por las doce uvas. Y al día siguiente le llamamos día de año "nuevo", como si los demás días hubieran sido viejos, y este es el que vale, el bueno.
Y para darle más renombre al señorito "Año Nuevo" (aparte de escribirlo en mayúsculas) nosotros, seres racionales e inteligentes, nos afanamos en hacer propósitos y pedir deseos para los siguientes 365 días. O 366. Eso que lo decida otro.
Como decía, nos ponemos a hacer propósitos a diestro y siniestro: voy a dejar de fumar, voy a estudiar más, voy a adelgazar, voy a engordar, voy a gastar menos, voy a gastar más, voy a follar menos, voy a follar más, voy a levantarme más temprano, a reir más, a llorar menos, a cantar, a bailar, a pintar, a viajar, a saltar y a brincar y a volver a bajar... y después de todo eso, voy a ser feliz. Atiza.
¿Qué pasa? ¿Que el resto de los días no podemos proponernos estas cosas? ¿O es que los centros comerciales, el Gobierno, la Iglesia, Franco, los comunistas y Coca-Cola, todos juntos, se han aliado y han inventado el día de Año Nuevo para que se nos amontonen los propósitos y nos sea imposible cumplirlos, y así poder engañarnos y vendernos su propia felicidad? Ostia, no. Demasiado rebuscado.
Puede que, quizás, a lo mejor, podría ser, se me ocurre pensar que juntamos todos los propósitos en un sólo día por no andar pensando en ellos todos los demás días. Claro, y es normal, es comprensible. Tenemos que trabajar, estudiar, dar de comer a la familia, salir de fiesta, estar con los amigos, ir de compras, estar informados, dormir, follar, viajar...bufffff. Lo de ser feliz, ya si eso, lo dejamos para Año Nuevo. Que hoy estoy muy liado.
Bueno, pero este post en realidad no quería ser una bronca hipócrita sobre lo que hay que hacer o dejar de hacer para ser feliz. Eso otro día.
Hoy quería compartir una idea que se me ha venido a la cabeza, hablando con una amiga, sobre eso de los propósitos y los deseos. Y me decía ella que nunca se cumplen. Ni los unos, ni los otros.
Y pensando en esto, hablando de esto, a mí se me ocurría una solución. Quizás difícil, quizás estúpida...pero como esto es mío y puedo hacerme todas las pajas mentales que quiera, pues lo cuento.
Yo creo que la clave está en hacer que los propósitos sean deseos. Y que los deseos sean propósitos.
Lo primero no es tan difícil, ¿no? De hecho así debería serlo...cuando alguien se propone algo, como dejar de fumar, o empezar a hacer deporte, es porque realmente lo desea. O debería desearlo. Pero reconoced, pequeños embusteros y embusteras, que la mayoría de nuestros propósitos son cosas que no nos apetece demasiado hacer. Que nos tocan los cojones, vamos. No os flipéis con los propósitos, por favor. Mejor dicho, no os engañéis. Proponeos cosas que realmente deseéis, cosas que os apetezca hacer, que os apetezca cumplir. Como al corredor que le apetece batir un nuevo record, o el niño que le apetece hincharse de chocolate para ser el más fuerte del mundo. Os irá mejor. Creo.
Y ahora, la segunda parte. Esta quizás exija un poco más de esfuerzo por tu parte, no basta con desear. Ahora te toca proponerte lo que deseas. Piensa en aquello que deseas, que anhelas, aquello que siempre pides a Dios, a Buda, o al todopoderoso en el que creas. Aquello en lo que piensas cuando ves pasar una estrella fugaz, o cuando cierras los ojos antes de soplar las velas de tu cumpleaños...
¿Lo tienes en la cabeza? Pues dale un giro. Gíralo como si se tratara de el manillar de una puerta nunca abierta. Gíralo. Abre la puerta. Y proponte cumplir ese deseo. Sin Dios, sin Buda, sin todopoderoso, sin estrellas fugaces y sin velas. Sólo te harán falta tus manos, como para abrir una puerta.
Puede que la puerta pesé más, pese menos, tenga el cerrojo más difícil o más fácil de abrir. Pero se acabará abriendo, como todas las puertas. Están hechas para ser abiertas. Tal y como los deseos están hechos para ser cumplidos, pero hay que proponérselo.
Ah, por cierto, estos deseos y propósitos no son exclusivos del día de Año Nuevo. Puedes empezar hoy mismo. O mañana. O cuando te apetezca.
Feliz Ano Nuevo.
esta guay te lo montas muy bien, q me lo he leido enterito y tampoco es tan soska como dices, vengaaaaa nos vemos
ResponderEliminaryo voy a empezar hoy mismo! :D:D:D
ResponderEliminardia 31 de diciembre!!
Tambien puedes desear algo que no dependa de ti... aunque tu te lo propongas... no?
ResponderEliminarHombre, es como todo, hay cosas que se pueden desear y cosas que no...no vas a desear que te toque la lotería, o que llueva dinero del cielo...cosas razonables.
ResponderEliminarLo otro no es desear, es flipárselo.
estos dias de año nuevo en adelante me sentia como rara x la calle al ver k todo la gente se deseaba un feliz año,y yo tb se lo deseaba pero tb pensaba ke con desear no haces nada,lo ke tu dices,deberiamos crearnos el proposito de hacer feliz el año para ellos(a los ke se lo felicitamos)y para nosotros,ke muxas veces nos olvidamos de nuestra verdadera dicha...
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