jueves, 25 de noviembre de 2010

Los buitres. Parte 3.


Noche tras noche van pasando los días, y los buitres ya hace tiempo que dejaron de intentarlo.
Alguno fue capaz de comer algo, pero sólo esquivos roedores que se habían abandonado al frío del invierno.

Ahora, en la primavera, cuando el deshielo avanza por el valle y los ríos van cargados de agua helada, el águila vuelve a reinar. Vuela alto todavía, observando desde lejos sus dominios, vigilando los nidos vacíos de los buitres sin confiar en ellos ni un segundo, pero seguro de que ahora es su tiempo.

Y cuando el águila sabe que su tiempo ha llegado, todo el valle lo nota, y todo florece y sus presas saben que deben abandonar toda esperanza, porque hagan lo que hagan, vayan donde vayan, el águila vuela tan alto que no tardará en verlas correr, y sentirá la necesidad instintiva de abalanzarse sobre ellas.

Y sobra decir que el águila nunca falla en su caza.

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