A veces me pregunto cómo un día malo, de esos en los que todo me parece inalcanzable y tenebroso, puede estropearme tanto los ánimos.
Cómo de repente todas mis preocupaciones, miedos, agobios y presiones caen como una piedra gigantesca sobre mi espalda. Y me cuesta hasta respirar.
Cómo, a medida que pasan las horas, más me cuesta irlas pasando. Y a medida que pasan los folios delante de mí, más me cuesta hacerlos míos.
Cómo el miedo a algo relativamente lejano, se hace tan presente que me nubla las ideas y no me deja concentrarme.
Y en mi cabeza un único deseo, un único lugar y una única compañía...como el único remedio a este desastroso día.
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