Ciento setenta y ocho segundos.
Desde que decides acabar conmigo, hasta que me gritas que tú también has muerto.
Ciento setenta y ocho segundos.
De dolor, de sudor, de sabores y olores profundos, marcados a fuego ahora en mi memoria.
Ciento setenta y ocho segundos.
De miedo, de alegría, segundos que pasan más rápido que despacio, con más fuerza que ningunos otros ciento setenta y ocho segundos en nuestras vidas. Rítmicos, acompasados, potentes.
Ciento setenta y ocho segundos. Que van marcando, uno a uno, el destino inmediato de nuestros cuerpos. Que van borrando, paso a paso, las ideas conscientes de nuestras mentes, dejando sólo los instintos más profundos.
Ciento setenta y ocho segundos.
Que cuando acaban...¡bum! Se marchan dejando un rastro de sangre espesa y caliente que ahora se enfría mientras nos miramos sin ver nada más.
uoooo
ResponderEliminar