Con la vida aquí, a mis pies, como un tobogán empinado de colores y curvas impredecibles, desconocidas. Y que cuanto más lo miro, más me atrae, absorbiéndome, tirando de mi cuerpo hacia sus contoneantes rincones y sus misteriosos recovecos. Desenfoco, miro más profundo y más me arrastra. Y me dejo llevar.
Me entrego a sus brazos delirantes y cubiertos de espinas acolchadas. Cierro los ojos y disfruto.
Abro los ojos, y ¡pum!: los tuyos. Entonces es cuando ese tobogán cubierto de neblina ya no me parece tan empinado. Entonces es cuando ese tobogán, que antes tenía una altura infinita, desconocida y terrorífica, no me parece tan largo.
Con tus faros y los míos.
Y venga a darle al alpiste,
la vida es muchas veces triste, es repetición.
Habrá que hacer el amor porque nunca está hecho,
dije cuando tú miraste al techo.
En un mundo mejor
habrá que hacer el amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario