sábado, 8 de septiembre de 2012

Para Adán, el paraíso era donde estaba Eva. Parte III.


Un buen día, el Señor, Dios, les dijo que debían marcharse de allí. No les dio explicaciones, simplemente les abrió la puerta, les empujó suavemente y les dejó al otro lado. Desnudos, sin equipaje, sólo se tenían el uno al otro.

Debían descubrir otros mundos, otros paraísos, posiblemente más desérticos y difíciles de sobrevivir. Tendrían que superar dificultades, peligros, noches frías y tardes tórridas. Sin más cobijo que el abrazo del compañero.

Pero ellos, Eva y Adán, al verse allí desnudos, juntos y con el mundo por delante, se miraron, sonrieron y agarrados de la mano salieron corriendo hacia el siguiente destino que la vida les deparaba.

El paraíso iba con ellos. Iba en ellos.



"Haciendo de nuestras vidas dos cometas
Que giran volando rapido entre planetas
Batiendo las alas alto esquivando estrellas
Dejando en el universo nuestras estelas
Hasta el Sol, hasta el Sol, hasta el Sol

Que nadie pueda nunca separarnos, que nadie pueda nunca separarnos, que nadie pueda nunca separarnos..."


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