Se despertó el mundo, y tú ya estabas ahí.
Esperabas sonriente, sentada en la cama, a que tus ojillos pudieran volver a abrirse para enfrentar un nuevo día, una nueva oportunidad.
La luz te hizo entrar en calor, y saltaste del colchón como si alguien hubiera dado el pistoletazo de salida a la carrera de tu vida.
Abriste la ventana, miraste al cielo despejado, y gritaste, como cada mañana:
"Buenos días, Mundo. Ya estoy aquí!"
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