Estos periodos de exámenes, aparte de los agobios, miedos y demás jaleos mentales; tienen algo que me atrapa. Algo que en el fondo me tranquiliza, relaja el ritmo de mi vida y me ayuda a mirar las cosas con distancia, con calma. Saboreando.
No soy capaz de explicarlo bien, y seguramente penséis que menuda tontería, que los exámenes sólo traen estrés y nervios. Pero lo intento, o reviento.
Quizás sea el hecho de que puedo permitirme no pensar en nada más que en dos cosas. Y eso, cuando uno está acostumbrado a pensar en doce o catorce cosas en su vida diaria, libera. Libera de cojones.
Dos cosas, decía. Una, por supuesto, los exámenes: qué tengo que estudiar, cuánto tiempo tengo, cómo lo voy a hacer...¿y la otra?
La otra, por contraposición, es todo aquello que me permito durante el tiempo que no estoy estudiando. Y que son, por definición, cosas que me encantan, que me liberan y que me hacen disfrutar.
Y pongo ejemplos.
Me encanta ir despacio cuando vuelvo a casa a las 4 de la mañana de la biblioteca, solo y disfrutando del fresquito que desprenden las calles recién regadas.
Me encanta comerme mi sandwich de jamon york, tomate y mayonesa en las escaleras de la catedral, riéndome de los turistas mejicanos y pensando en hombres que posan en llamas.
Me encanta levantarme tarde, a la una o las dos, y pasear en calzoncillos por mi casa, tomarme un café y prepararme mental y físicamente para una tarde y noche de estudio.
Me liberan esos descansos mentales que hago en la biblioteca, entre apuntes y gente con tapones, y que suelo aprovechar para pensar en el verano, o para sonreir a la chica que me gusta y que siempre se sienta cerca de mí.
Me apasiona llegar a casa a las cinco de la mañana, encender el ordenador y ponerme a escuchar música o a escribir aquí hasta que me entre sueño. Pues la jornada ha terminado, satisfecho estoy, y mañana me levantaré con más fuerzas para seguir.
Y es que, queridas amigas, queridos amigos: cuando lo que más te ocupa y te preocupa es ser feliz y hacer felices a otros, los exámenes acaban convirtiéndose en un mero trámite que te sientes hasta orgulloso de superar.
[Se le nota en la voz, por dentro es de colores.
Y le sobra el valor que le falta a mis noches.]
Yo lo bueno que le veo a los examenes, es el proceso de desintoxicación que sufre mi hígado. doy las gracias por ello. SBMdC
ResponderEliminaraaamen
ResponderEliminarJFL
sin duda lo mejor es esta frase: "Me encanta comerme mi sandwich de jamon york, tomate y mayonesa en las escaleras de la catedral, riéndome de los turistas mejicanos y pensando en hombres que posan en llamas"
ResponderEliminarno puedo aguantarme mas sin decirte que es una mierda de sandwich... esos ingredientes no pegan juntos...
pd: lo mejor, mejor, mejor son las chuches y las risas, aaaaaaah y los coloressss jajajajjaa