Ese lugar donde podía ser él mismo. Allí donde no tenía que fingir estar feliz, serio, cansado o preocupado.
Era el lugar donde dormía sin tener que abrazarse a nada, donde podía pasarse horas mirándola cómo soñaba y roncaba dulcemente. Allí donde se levantaba de puntillas al baño, intentando no hacer ruido, para que ella no se despertara.
Era un lugar, un paraíso, donde podían mirarse fijamente a los ojos y saber que se amaban; que cada uno lo daría todo por el otro. Que cada uno viviría eternamente en el paraíso del otro. En el paraíso de ambos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario