Tememos lo que no ha pasado, lo que no conocemos, lo que ni siquiera creemos que ocurrirá.
Tememos aquello que jamás sucederá.
Tenemos miedo incluso de una mirada. De un gesto. De una sola palabra.
Detalles que nos parece que adelantan la catástrofe a la que tanto tememos. Detalles que ensombrecen nuestros mejores días y que amargan nuestros más felices sueños. Detalles que pueden hacernos perder la cabeza, desconfiar hasta de nosotros mismos, y enloquecer de tristeza y desesperación.
Sólo hay un remedio para desenvenenar estos detalles y volver a darles la poca importancia que se merecen. Sólo uno. Y por encontrar y hacer nuestro ese remedio, habremos de luchar eternamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario